Dominican Province of St. Martin de Porres St. Anthony of Padua Roman Catholic Church Friar Mariano D. Veliz, O.P., Parochial Vicar and Apostolate Director 4640 Canal St., New Orleans, LA 70119 Email: frmarianovelizop@preachmypsalter.comPhone: (504) 488-2651, #249

Tuesday, January 5, 2016

Mi abuela Mercedes Martínez Ruiz, una hija fiel de Nuestra Señora del Santo Rosario

       Cuando era un niño, de unos 7 años, me acuerdo haber visto y escuchado a mi abuelita materna, Mercedes, rezando el Rosario todos los días. A veces iba a orar sola y otras veces con la familia o amigos. Fui testigo de haberla visto hacer esto tanto en el hogar como en la iglesia. La primera vez que me acuerdo que le pregunte acerca de esta práctica diaria del rezo del Rosario, ella sólo me contestó : "Yo estoy ofreciendo rosas para mi madre." A los 7 años, yo no entendía lo que estaba diciendo. no entendía que estaba hablando de la Santísima Virgen, Nuestra Señora del Santo Rosario. Pensé que se refería a su madre natural, mi bisabuela, Tomasa. Pero poco después ella comenzó a ayudarme a comprender de lo que estaba hablando. Comenzó a enseñarme acerca de la Santísima Virgen, Nuestra Señora del Santo Rosario, a través de los Sagrados Misterios del Rosario. Como tal, ella me enseñó que la Virgen María no sólo es la Madre de Dios, sino también la Madre del pueblo de Dios, incluyendo a mi madre. Como resultado, ella me indicó que para honrarla como tal tendría que enseñarme el Ave María, el Padre Nuestro y el Gloria. Mi abuela me estaba preparando para aprender el Rosario.
       Después de recibir esta catequesis mariana de mi abuela, comencé a desarrollar un deseo en mi corazón para aprender a rezar el Rosario de la Santísima Virgen. En este sentido, me inspiré en la devoción mariana de mi abuela y la enseñanza. Quería honrar a la Virgen María como mi Madre a través de la oración. En consecuencia, puedo recordar el día en que empecé a rezar el Rosario por la primera vez en mi vida en la casa de mi abuela cuando era un niño de solo 7 años. Yo estaba solo en su sala de estar. Tenía la esperanza de rezar el Rosario correctamente tal y como yo recordara y creía que mi abuela lo rezaba, pero no fue así. Yo estaba rezando el Rosario de manera incorrecta. Estaba orando 5 Avemarías y 5 Padre nuestro de cada década del Rosario. Tampoco podía recordar todos los misterios de cada década. Sin embargo, hice todo lo posible. Después de darse cuenta de que estaba rezando el Rosario incorrectamente, mi abuela se ofreció a enseñarme a rezarlo. Le dije rápidamente que sí a su oferta, confiando en que ella me daría instrucciones. Por lo tanto, ella me enseñó a ofrecer rosas a la Virgen María, la Madre de Dios, rezando Su Rosario a la edad de 7 años. Al hacerlo, ella me ayudo a honrar como a mi Madre, a la Señora del Santo Rosario .
       En la providencia de Dios, esta formación que recibí de mi abuela durante la infancia como hijo de la Santísima Virgen María también me preparó para ayudarla a buen morir en Cristo muchos años después. Recuerdo el día, la noche del 30 de octubre del 2000, mientras permanecía postrada en su cama en su sufrimiento a causa del cáncer y parálisis. Mis familiares y yo estábamos reunidos alrededor de su cama. Yo los estaba dirigiendo en el rezo del Rosario, el Rosario que ella me había enseñado a orar años atrás cuando era un niño. A pesar de que sin duda podía ver y oír a todos los que orábamos por ella, había aparentemente perdido toda su capacidad de responder de manera significativa a dichos estímulos, al menos físicamente, afectiva y verbal. En consecuencia, su rostro estaba completamente en blanco con la barbilla apoyada en su pecho inmóvil. Ella estaba a punto de morir. Sin embargo, cuando mi familia y yo estábamos orando la última década del Rosario, de repente levantó la cabeza con una gran sonrisa hermosa, en su rostro mientras contemplaba algo glorioso y pacífico en la sala imperceptible para todos los demás. Creo que esto fue una gracia que recibió de Dios a través de la intercesión maternal de Nuestra Señora del Santo Rosario como una señal de que iba a morir una buena muerte en Cristo. En consecuencia, lo que ella estaba viendo era ciertamente celestial. Segundos más tarde, ella espiró su último aliento; Cerré sus párpados; y termine con mi familia de dirigir el rezo del Rosario por el eterno descanso de su alma. Que todos los seres humanos, todos los católicos, incluyendo a sus descendientes, abran sus corazones para enseñar  a sus hijos y a sus nietos a ser fieles hijos de Nuestra Señora del Santo Rosario, la Madre de Dios y Madre de los hijos de Dios.